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Una perspectiva diferente al mundo del cine.

"Todo mortal es como la hierba, y toda su gloria como la flor del campo; la hierba se seca, y la flor se cae; pero la palabra del Señor permanece para siempre."

Pedro, Apóstol de Jesucristo
(Siglo I D.C.)

 
Otras películas:
Matrix (La Trilogía)
El Sexto Sentido
 

Para la revista Wireless Age, agosto, 2.001

Este interesantísimo artículo explica algo del trasfondo cristiano de J.R.R. Tolkien, requisito obligatorio para el entendimiento de su obra.

Septiembre, 1931. Una noche oscura y tempestuosa. Con mucho viento, de todas formas. En el campus de la Facultad Magdalen, Oxford, dos catedráticos, fumando pipas y vestidos de chaquetas, andan por el sendero de gravilla que se llama Addison's Walk, bajo las sombras aun más oscuras de una robleda – un bosque misterioso y negro donde, en la oscuridad, es fácil imaginarse que hay elfos entre las ramas.

--¡Mira!, --dice uno de ellos, un tipo alto, de cara alargada y frente arrugada, con los ojos chispeantes de sabio o de mago. Señala un roble grande.

--Allí está, --dice--, sus pies en la tierra, su cabeza entre las estrellas. ¡Un milagro majestuoso de la creación! Y ¿cómo lo llamamos? Árbol. Se ríe. La palabra cae risiblemente corta de expresar la cosa misma.

--Claro que sí, --responde el otro, un hombre medio calvo, de cara redonda y con gafas, de unos treinta y pico años--. Como cualquier palabra, es simplemente un invento verbal, un símbolo que nosotros mismos hemos fabricado, y mal.

--Exactamente, --dice el primero--. Y esto es mi argumento: al igual que una palabra es un invento sobre un objeto o una idea, así una historia puede ser un invento sobre la Verdad.

El otro se frota la barbilla.

–Desde que fui un chiquillo, siempre me han encantado las historias –dice--. Tú sabes eso, Tollers! Sobre todo las historias de héroes y sacrificios, muerte y resurrección, como el mito nórdico de Balder. Yo simplemente no entiendo cómo la muerte de Otra Persona (quienquiera que fuera) hace dos mil años me puede ayudar a mí aquí y ahora.

-- Pero, ¿no ves, Jack? –persiste su amigo--. La historia cristiana es la más grande de todas. Porque es la historia verdadera. El evento histórico através del cual se cumplen los cuentos y nos demuestra lo que significan. El árbol mismo y no un mero invento.

Jack se para y se gira.

--¿Quieres decirme que a través de la historia de Cristo, todas las demás historias se han hecho verdaderas?

Una semana y media más tarde, Jack, mejor conocido como C. S. Lewis, profesor, autor, y defensor de la fe cristiana, y creador de las tan queridas Crónicas de Narnia; le escribe a su amigo, Arthur Greeves:

--Acabo de pasar de creer en Dios a creer definitivamente en Cristo, en el cristianismo. Mi larga charla nocturna con Tolkien tuvo mucho que ver con ello. (1)

* * * * * * *

Junio 2.001. Una tarde húmeda y polvorienta en el Festival del Renacimiento celebrado localmente. Estoy tomando un descanso a la sombra con mis compañeros, todos músicos del festival. A nuestro alrededor se encuentran caballeros vestidos con armaduras de la época, frailes de casacas marrones, hadas con alas sedosas, y magos de barbas blancas. Más cerca de la Edad Media – o La Tierra Media -- no se puede estar ahora al principio del siglo XXI.

Tom, un violinista con una capa repleta de plumas, me pregunta que qué es de mi vida últimamente. Le explico el proyecto escrito que he empezado con mi amigo y colaborador, Kurt Bruner: un libro de “reflexiones cristianas” de El Señor de los Anillos.

El Señor de los Anillos! --dice Tom (que no se considera creyente), riéndose--. “No es un libro bastante pagano?”"

* * * * * * *

Diciembre 2.001. La versión de El Señor de los Anillos para la pantalla grande de New Line Cinema, uno de los eventos cinematográficos más esperados de las últimas décadas, llega a los cines después de más de un año de publicidad. Desde enero, los fans han pasado noches enteras haciendo cola en los cines sólo para ver el trailer. Un corto que aparece en la página web de New Line Cinema (www.lordoftherings.net) empezando en abril del año pasado fue descargado por 1.7 millones de fans el primer día que apareció. (Compare esto a las visitas que recibió Star Wars: Episodio 1 – La amenaza fantasma en un tiempo semejante.)

Mientras tanto, el director Peter Jackson y un equipo de más de 2.500 personas han pasado 438 días y han gastado unos 270 millones de dólares para convertir una parte de Nueva Zelanda en La Tierra Media de Tolkien al intentar producir las tres películas a la vez.

Media década de su vida, 24 horas al día, ha sido invertida en esta película, —dice el artista conceptual Alan Lee, hablando de Jackson—

Los detalles meticulosos de la visión de Lee de la Tierra Media se han expresado a través de gráficos de última generación, creados en ordenador; 8.000 metros cuadrados de figuras en miniatura; más de cien lugares de rodaje; y por último, 900 cotas de malla hechas por un centenar de metaleros en la India. El resultado va a ser una de las obras visualmente más satisfactorias de la historia de Hollywood.

Todos los géneros de películas han sido bien realizados durante los últimos 100 años, --dice Jackson--, pero no este tipo de historia fantástica. Ningún cineasta podría pedir un desafío mayor.

Y ahora, por fin, el día tan esperado está cerca. La primera parte de la trilogía, La Comunidad del Anillo será revelada el 19 de diciembre. Así que, olvídese de La Guerra de las Galaxias y de Una Odisea Espacial. En 2001, el mejor sitio es La Tierra Media.
Sin embargo, a pesar de la publicidad, hay algunos cinéfilos que siguen preguntándose de qué va: sobretodo los cristianos serios. Elfos, enanos, magos, duendes, anillos mágicos – no acabamos de ver algo así hace poco? ¿No es que El Señor de los Anillos es sencillamente otro viaje por el mundo oculto de Harry Potter?

Para responder, vamos a dar un paso atrás para conocer un poco más a Jack y a “Tollers”.

El trasfondo
Tollers” (un apodo que usaban sus amigos más cercanos) fue, por supuesto el mismo J. R. R. Tolkien: creador de Tierra Media y autor de El Señor de los Anillos, la trilogía fantástica que algunos llaman “el libro del siglo” (más de cincuenta millones de ejemplares vendidos). Y sí, fue Tolkien el que le ayudó a Lewis a tomar ese paso final hacia la fe en Cristo.

Su “larga charla nocturna” sobre “símbolos” e “inventos verbales” fue sólo el principio. A lo largo de los años, Lewis y Tolkien pasaron muchas horas afinando sus ideas e incorporándolas en su arte literario. En parte, lo realizaron con la ayuda de una tertulia de amigos cristianos de la misma talla: Los Inkling. (“inkling” en inglés significa “presentimiento” –trad.)

Los martes por la mañana en el “Eagle and Child” (“el águila y el niño”, un bar de Oxford conocido entre sus clientes como el “pájaro y el bebé”: “Bird and Baby”); los jueves por la tarde en las habitaciones de Lewis en Magdalen; durante todo el año, los Inkling se reunían, hablaban, tomaban té y criticaban mutuamente sus manuscritos pendientes: libros tales como That Hideous Strength (Aquella fuerza bestial), de Lewis; The Place of the Lion (El lugar del león), de Williams; y, por supuesto, El Señor de los Anillos de Tolkien. ¿Su meta? Buscar las maneras de verter en los moldes de sus historias inventadas, lo esencial burbujeante y embriagador de La historia verdadera.


Motivos
¿Hasta que punto tomaban en serio el propósito cristiano de sus “inventos verbales”? Vamos a preguntarles.

Lewis nunca intentaba esconder sus motivos. Entre otros intereses y asuntos, su meta era la de dar a sus lectores una perspectiva fresca y alentadora del mensaje cristiano. Quería abrir una ventana, dejando entrar la brisa de la verdad desde una nueva dirección, aireando las habitaciones cerradas de sus mentes ortodoxas y convencionales. Quería presentar las Buenas Nuevas del Evangelio de otra forma y en otro formato, para que lo vieran como si fuera por primera vez.

¿Por qué – se preguntó una vez – nos es tan difícil sentir lo que nos dicen que deberíamos sentir respecto a Dios o a los sufrimientos de Cristo? Yo pensaba que la razón principal era que se nos decía lo que debiéramos sentir. La obligación de sentir puede congelar los sentimientos. Y la reverencia misma también hacía daño. Todo el tema se asociaba con voces bajas; casi como si fuera algo médico. Pero supongamos que, echando todas estas cosas a un mundo imaginario y quitándoles todo rastro de lo eclesiástico, pudiéramos presentar estas cosas con su verdadera poder?

Esto, según decía, es exactamente lo que intentaba hacer en The Chronicles of Narnia (Las crónicas de Narnia). (2)

En cuanto a Tolkien, él se habría sorprendido y enojado al escuchar que Tom sugiriera que su obra era algo “pagana”.

El Señor de los Anillos --escribió en una carta a un amigo--, es por supuesto una obra fundamentalmente religiosa y cristiana; al principio no lo hice adrede, pero en la revisión fue a propósito.(3)

Humphrey Carpenter, el autor de la biografía oficial de la vida de Tolkien, toma en serio esta afirmación. “Tolkien”, dice, “poseía una fe en Dios ‘profunda y apasionada’; sus obras son ‘el fruto de un hombre profundamente religioso’”. Según Carpenter, Dios es esencial a todo lo que acontece en El Señor de los Anillos. Sin Él, la Tierra Media no podría existir. “Quería que sus historias mitológicas y legendarias expresaran su propia visión moral del universo, y como cristiano, no podía colocar esta visión en un cosmos en el que no existiera el Dios a quien él rendía culto”. (4)

“Tolkien no pudo crear de la nada”, escribe Joseph Pearce. “Sólo Dios puede hacer eso. Pero sí que pudo crear un mundo entero utilizando su imaginación, sus creencias, y sus experiencias en el mundo que le rodeaba.” Su meta, según Pearce, fue la de crear un mito que combinaba una variedad de distintos elementos mitológicos. –“un conjunto de leyendas más o menos conectadas”, como lo decía Tolkien – de tal manera que toda la épica fuera algo “iluminado desde dentro por una luz trinitaria y cristiana”. Es interesante que la unión que los lectores perciben a través de este “conjunto de leyendas” es el resultado directo de la fe y de la visión del autor respecto al mundo. “Fuera de la luz de esa perspectiva cristiana”, añade Pearce, “la historia no tiene sentido. Sería, literalmente, incoherente – una fantasía neo-pagana”.(5)

Dios, entonces, es la “Piedra Sólida” sobre la cual se funda el reino de Arda – el universo dentro del cual la Tierra Media de Tolkien se suspende, como una estrella pequeña pero importante (véase The Silmarillion). Pero ojo: la evidencia de Su presencia no es tan obvia en la obra de Tolkien como en el estilo más alegórico de Lewis. Están allí, sin embargo, firmemente establecidos en los cuentos que insistía en llamar “inventos sobre la verdad”. De hecho, si sabe lo que busca, lo verá por todos los sitios: como las pequeñas flores de elanor y nifredil que florecen hasta en la sombra de la misma Tierra Negra. A continuación, hay una lista de cosas que habría que mantener en mente al emprender el viaje.


“La historia”
Primero, preste atención a la importancia de la historia. El Señor de los Anillos es en realidad una historia de cuentos – una vasta red de historias, leyendas, cuentos, relatos y canciones en los que cada personaje tiene un papel crucial.

“Vaya cuento el que acabamos de vivir, Sr. Frodo, ¿verdad?” reflexiona Sam después de un encuentro angustioso con sus enemigos. Como cristiano, Tolkien entendía que nosotros también hemos vivido una historia. Como en las aventuras de sus Hobbits, Tolkien vio la aventura de nuestras vidas como parte de una historia que empieza con “ érase una vez” y prosigue hasta su eventual “y fueron felices y comieron perdices” – una historia llena de un propósito y de importancia; una historia escrita por el mayor Autor de todos.


El poder del pecado
Ud. querrá mantenerse atento a Gollum, la triste y miserable criatura que descubrió el gran Anillo – su “precioso” – y que lo guardaba durante muchos años en los lugares oscuros por debajo de la tierra. Poseía durante tantos años este talismán perverso, que él mismo llegó a estar poseído. Es porque el Anillo de Tolkien es la imagen del poder impuro y perverso, de la maldad y del pecado auto-complaciente – un poder progresivo y creciente que empieza como algo pequeño y termina siendo grande. El Apóstol Santiago lo describió así: “...cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14, 15, Reina Valera, 1960).


El bien que procede del mal
Fíjese también en que la Tierra Media está llena de batallas y de conflictos – imágenes de la guerra espiritual en la que luchamos los cristianos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo” (Efesios 6:12) . Aquí no hablamos de la lucha genérica entre el bien y el mal. La maldad en el mundo de Tolkien es personal. Toma la forma de un Enemigo que persigue implacablemente a su víctima con una intención malévola: “Sed sobríos y velad; porque vuestro adversario el diablo , como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (I Pedro 5:8).

No es el final de la historia, por supuesto. Porque a su nivel más profundo, El Señor de los anillos es una historia sobre la soberanía de Dios. El Dios cuyo amor y poder son tan grandes, que es capaz de hacer que “todas las cosas ... ayud[e]n a bien” (Romanos 8:28). El Dios que utiliza hasta los designios malévolos del Enemigo para realizar el fin de Su perfecta voluntad. Dentro de esa voluntad, hasta Gollum tiene un papel indispensable en la salvación de la Tierra Media. Como escribía Tolkien en The Silmarillion, “Evil may yet be good to have been and yet remain evil” (La maldad puede haber existido por bien, pero seguir siendo mala) (6) Esto es un gran misterio y una profunda verdad cristiana.

Las apariencias engañosas
No pierda la importancia de un hombre alto y oscuro, fumando una pipa, que verá en un rincón mal iluminado del Poney Pisador en Bree – un desconocido envuelto en una capa verde, su cara escondida entre las sombras de una capucha voluminosa, sus largas piernas medio cubiertas de altas botas gastadas, llenas de lodo. El viejo Mantecona, el mesonero, lo llama “Trancos”, un nómada que entra y sale cuando quiere y que guarda silencio respecto a sus asuntos. Pero es mucho más importante de lo que parece. Mucho más.

Decir más sobre el asunto sería estropear la historia para los novatos. Basta con decir que este “Trancos” -- Aragorn hijo de Arathorn – puede ser comparado a Cristo de una manera muy importante: es una figura de una estatura sobrecogedora – de hecho, no sería ir demasiado lejos si lo llamáramos “mesiánico” – que anda de incógnito por el mundo. Incluso sus amigos más cercanos son ignorantes de su verdadera identidad hasta mucho más tarde en la historia. Pero Gandalf les da una pista: “No es oro todo lo que reluce”, escribe en una nota, “ni toda la gente errante anda perdida...” * – un proverbio que suena casi bíblico. Compare lo anterior con este pasaje de Isaías frecuentemente citado:

“Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, más sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondemos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:2&3).

El mensaje es suficiente claro: ¡Mire bien! El bien y el mal raras veces llevan etiquetas claras.


Manos pequeñas
Y para terminar, mire bien a los miembros de la Comunidad del Anillo cuando los ve en la pantalla grande. Pregúntese cuál de ellos se parece más a un héroe épico. Es el guapo, misterioso y bravucón Aragorn? o ¿es el perspicaz y veloz Legolas? ¿Gimli, de los puños duros? ¿el viejo y sabio Gandalf?

Cada uno es un héroe a su manera, por supuesto. Pero ninguno de ellos es elegido para llevar el Anillo peligroso hasta el corazón de Mordor. Al contrario, es un hobbit – uno de los Medianos– que lleva la carga del mundo hasta su destino final.

Esta idea -- que Dios utiliza manos pequeñas para realizar hechos grandes – podría ser llamada el corazón y el alma de El Señor de los Anillos. Es una repetición del tema de Moisés y el faraón, de David y Goliat, de Gedeón y los madianitas. Pero la misión de Frodo y Sam no es la típica historia del fuerte y del débil. Es mucho más. De alguna forma, es un recuerdo desesperadamente necesario de que los caminos de Dios no son nuestros caminos. (Isaías 55:8); de que cuando el poder de la maldad se nos viene encima con todo el mundo a su lado, la respuesta no es utilizar el fuego en contra del fuego, sino buscar una guía en lugares inesperados. Parece que Tolkien nos dice que la esperanza y la salvación salen a menudo de rincones pequeños y desapercibidos: como dentro del agujero de un Hobbit en la Comarca. O en el pesebre de un establo palestino.


Buscando
Muy tarde por la noche, en primavera. El salón de Lewis está en desorden: papeles, libros y tazas de té vacías por doquier. Ya se han ido los demás Inklings. Jack bosteza y se estira.

Tollers, —dice, al levantarse Tolkien, preparándose para salir—, Hay demasiado poco de lo que nos gusta en las historias. Me temo que vamos a tener que escribir algunas nosotros mismos.

Y así lo hicieron.

Y ¿cuáles han sido los resultados? Cuando bebemos de la copa de sus “invenciones verbales” ¿es verdaderamente el Agua Viva lo que ingerimos.? O ¿es que sus historias son meramente ejercicios en el arte imaginativo “pagano”?

Ud. ha leído las palabras de ellos. Ahora tendrá usted que decidir por si mismo cuando vaya a buscar a Dios en El Señor de los Anillos.

1. Carpenter, Humphrey, Tolkien: A Biography, Ballantine Books, New York, 1977; pp. 163-165

2. De "Sometimes Fairy Stories May Say Best What's To Be Said," en Of Other Worlds; Walter Hooper, editor, Harcourt Brace Jovanovich, New York, 1966.

3. Carpenter, Humphrey, The Letters of J.R.R. Tolkien, Houghton Mifflin Company, Boston, 1981; p. 172.

4. Véase Carpenter, Tolkien: A Biography; pp. 102-103.

5. Pearce, Joseph, Tolkien: Man and Myth.

6. Tolkien, The Silmarillion, Houghton Mifflin Company, Boston, 1977; p. 98.

7. Carpenter, Tolkien: A Biography; p. 190.


JIM WARE se graduó de Fuller Theological Seminary y es el autor de tres novelas para niños. Vive en Colorado Springs junto con su esposa Joni y sus seis hijos. Es co-autor (junto con Kurt Bruner) de Finding God in the Lord of the Rings. Es aficionado a la música celta, y toca la guitarra y el dulcémele de martillos; suele aparecer dondequiera que se presente la oportunidad de tocar alguna que otra giga o baile celta.

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Traducido por Darío Fox
©Mente Abierta 2004


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