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Había una época en la que pensábamos que la ciencia podría contestar las Grandes Preguntas. Pero mientras más aprenden los científicos, más misteriosas se vuelven las preguntas.
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La ciencia y la religión: una nueva convergencia
Había una época en la que pensábamos que la ciencia podría contestar las Grandes Preguntas. Pero mientras más aprenden los científicos, más misteriosas se vuelven las preguntas.
El antiguo pacto se ha hecho trizas: el hombre sabe por fin que está solo dentro de la inmensidad insensible del universo, de la cual él mismo nació sólo por casualidad. Así declaró el biólogo francés, Jacques Monod, ganador del Premio Nobel, en su discurso La casualidad y la necesidad, en el cual afirmaba que Dios había sido totalmente refutado por la ciencia. Lo divino es una ficción, la fe, una charlatanería, la existencia, un asunto de la pura y más insensible casualidad y esto no es simplemente una especulación, afirmaba Monod, sino un hecho comprobado. Su obra, que tuvo una gran influencia sobre el mundo intelectual, parecía acabar con el debate de los milenios. La teología se retiraba, incapaz de explicar las observaciones de Darwin; la aprobación intelectual favorecía a los pensadores tal como el físico Steven Weinberg, ganador del Premio Nobel, que en el año 1977 declaró, Mientras más comprensible parezca el universo, más parece carecer de sentido. En 1981, the National Academy of Sciences (Academia Nacional de las Ciencias, EE.UU.) declaró, "La religión y la ciencia son campos de pensamiento humano que están separados y que son mutuamente exclusivos. Se levanta la sesión.
Pero ahora se ha vuelto a abrir la sesión. En los últimos años, Allan Sandage, uno de los astrónomos más destacados, ha declarado que el big bang sólo se puede entender como un milagro. Charles Townes, un físico ganador del Premio Nobel y co-inventor del láser, ha dicho que los descubrimientos de la física parecen reflejar la obra de una inteligencia en las leyes naturales. El biólogo Christian de Duve, también ganador del Nobel, señala que la ciencia no habla ni a favor ni en contra de la existencia de una deidad: La ciencia ni fortalece ni establece el ateísmo. Y el biólogo Francis Collins, director del National Human Genome Research Institute (Instituto Nacional de Investigaciones del Genoma Humano), insiste en que "muchos científicos no saben lo que pierden al no explorar sus sentimientos espirituales.
¿Nueva tendencia en la ciencia?
Con mucho cuidado, la ciencia está desmintiendo su anterior actitud negativa hacia lo trascendentalmente desconocido. Los congresos que juntan a los científicos y a los teólogos son muy concurridos, teniendo lugar en Harvard (EE.UU.), en el Smithsonian (EE.UU.), y otras instituciones de gran influencia. El American Association for the Advancement of Science (Asociación Norteamericana para el Avance de la Ciencia) patrocina un congreso titulado "Dialogue on Science, Ethics, and Religion." (Diálogos sobre la ciencia, la ética y la religión). Las estrellas de la ciencia que en los setenta tachaban la fe de disparate, - incluso E. O. Wilson y los fallecidos Stephen Jay Gould y Carl Sagan han reconocido alguna forma de reconciliación entre la ciencia y la religión.
Y ¿por qué hay un nuevo interés en lo espiritual? Una razón es la naturaleza cíclica de la moda intelectual. En la filosofía, la metafísica está gozando de popularidad después de varias décadas controladas por el positivismo y la teoría analítica del lenguaje. Estas ideas controladas y empíricas se han agotado. Ahora el péndulo va hacia la visión grande de la metafísica. Algún día, seguramente, volverá hacia lo anterior. De la misma manera, en la ciencia, el punto de vista puramente materialista que reinaba a través del siglo XX, declarando que todo tiene una explicación natural, no podía restringir por siempre las otras perspectivas. La antigua idea de que la existencia abarca más de lo que se ve, de repente parece una idea fresca y nueva.
Mientras tanto, varias décadas de investigaciones inconclusas han dejado en ridículo la idea de que la ciencia tiene todas las respuestas. Hasta en los setenta, los intelectuales daban por cierto de que la ciencia iba camino a solucionar las dos Grandes Preguntas: por qué existe la vida, y cómo empezó el universo. Además, se creía que las dos Grandes Preguntas tendrían que ver con fuerzas estrictamente deterministas. Pero las cosas no han sido así. Al contrario, mientras más aprenden los científicos, más enigmáticas se han vuelto las Grandes Preguntas.
Quizás algún día los investigadores encontrarán explicaciones totalmente naturales para la vida y el cosmos. Pero por ahora, los descubrimientos sobre estos dos temas inspiran maravilla y asombro, y muchos científicos están acudiendo a los pensadores espirituales para recibir ayuda en entender lo que están aprendiendo. Y en la aurora de la edad de la biotecnología, los científicos se dan cuenta de que están entrando en un territorio en donde hay que navegar con el socorro de los filósofos y de los teólogos. Estamos al punto de entrar en la era más grande de fusión entre
la ciencia y la religión que se ha visto desde que la Ilustración intentó reconciliar las dos cosas hace tres siglos.
Un Universo Único
Contemple el cielo nocturno y busque el borde del cosmos. No lo encontrará nadie lo ha hecho todavía. Los instrumentos tal como el escáner de campo profundo del telescopio espacial Hubble ha detectado por lo menos 50 mil millones de galaxias, y cada vez que se mejora el equipo, más galaxias se distinguen. El espacio puede ser infinito no sólo vasto, sino infinito comprendiendo un número infinito de galaxias con un número infinito de estrellas.
Toda esta materia suficiente para formar 50 mil millones de galaxias, quizás fantásticamente más se formó, se cree, hace unos 14 mil millones de años en menos de un segundo, desde un punto sin dimensiones físicas. Dejando a un lado todas las explicaciones del big bang que compiten, algo hizo un cosmos entero de la nada. Es esta realización de que algo trascendente puso todo en marcha que a los científicos puros y duros como Sandage, les hace utilizar palabras tales como milagro.
Inicialmente, los científicos se sentían un poco incómodos con las implicaciones milagrosas del big bang. En 1927, cuando Georges Lemaître, abad católico y astrónomo, sugirió que la existencia empezó con la detonación de un átomo primordial de una densidad infinita, la idea fue ridiculizada, y tachada de un intento transparente de elevar el Génesis a un nivel técnico. Pero en sus hipótesis, Lemaître incluyó una predicción comprobable de que si hubiera ocurrido una explosión tipo big bang, las galaxias estarían apartándose mutuamente con rapidez. Era una idea de la que se reían hasta que Edwin Hubble dejó atónito al mundo científico al presentar la evidencia de una expansión cósmica. Desde el descubrimiento de Hubble en 1929 hasta ahora, la ciencia ha tomado en serio la idea del big bang.
En 1965, otro eco del big bang la radiación cósmica de fondo fue descubierto. De repente se pensaba que los cosmólogos iban a poder decir, Todo ocurrió así, paso uno, dos y tres. Hoy en día los cosmólogos creen que saben bastante sobre los pasos dos y tres cómo era el cosmos emergente en el instante después del génesis, cómo la materia y la energía se separaban y formaban las primeras galaxias. Pero en cuanto al paso número uno, nada de nada. Nadie sabe nada más hallá de vagas conjeturas sobre lo qué causó el big bang, lo qué (si es que había algo) estuvo presente antes de ese evento, o cómo podrían haber existido unas condiciones anteriores en las que no existía nada.
Las explicaciones de cómo podría salir disparada de la nada toda la masa del universo son especialmente insatisfactorias. En los experimentos anunciados en julio de este año en el Brookhaven National Laboratory (Laboratorio nacional Brookhaven) en Nueva York, se midieron las propiedades de partículas subatómicas conocidas como muones, y se descubrió que se comportan como si los influyeran otras partículas que parecen haberse materializado de la nada. Pero ningún objeto más grande que la partícula más pequeña subatómica se ha portado así bajo observación y estas partículas virtuales son entidades volátiles que existen por menos de un segundo, mientras que el big bang formó un universo que es inmejorablemente estable, quizás hasta permanente.
Hace unos 10 años, justo cuando los científicos estaban empezando a sentir confianza respecto a la teoría del big bang, le pregunté a Alan Dressler uno de los astrónomos más destacados del mundo, y actualmente asesor en el diseño del telescopio programado para reemplazar al Hubble - ¿qué causó el big bang? Frunció la ceja y dijo, ¡No aguanto esa pregunta! En aquella época, los cosmólogos tendían a afirmar que la causa y las condiciones previas no se podían saber. Explicaban que la física extraña de la singularidad que precedía la explosión, representaba un muro de información que bloqueaba (en realidad, destruía) todo el posible conocimiento de las condiciones previas y sus leyes físicas. Nunca lo sabríamos.
Mientras más insistían con irritación que no se podía llegar al fondo del big bang, más sonaban como sacerdotes medievales diciendo No me pregunten qué formó a Dios. Los investigadores, sobre todo Alan Guth de MIT (Instituto de Massachusetts de la Tecnología, EE.UU.) empezaron a afirmar que sólo se podía creer el big bang si se podía explica su mecánica. De hecho, Guth prosiguió con una explicación. Bastará añadir que, mientras Guth afirma que la ciencia eventualmente descubrirá la causa, sigue acudiendo a leyes físicas desconocidas respecto a las condiciones previas. Y sea cual fuere la forma de decirlo, acudir a leyes desconocidas de la física parece estar peligrosamente cerca de acudir a lo sobrenatural.
Coincidencia cósmica
La existencia de 50 mil millones de galaxias no es el único misterio que está incitando a los científicos a volver a considerar sus actitudes hacia lo divino. Y luego queda el misterio sobre la razón por la que el universo es adecuado para las criaturas vivientes.
En años recientes, los investigadores han calculado que si un valor llamado omega la proporción entre la densidad promedio del universo y la densidad que detendría la expansión cósmica no hubiera estado dentro de un cuadrillonésimo de uno por ciento de su valor actual inmediatamente después del big bang, el universo incipiente se habría colapsado o habría experimentado efectos descontrolados de relatividad que habrían distorsionado extrañamente lo esencial del tiempo y del espacio. Por el contrario, el firmamento es geométricamente continuo, en vez de distorsionado, en la jerga de la cosmología. Las investigaciones demuestran que si la gravedad hubiese sido un poco más fuerte, las estrellas arderían con tal fuerzas que se extinguirían en un sólo año, el universo sería un reino de brazas, sin vida. Si la gravedad hubiese sido un poco más débil, las estrellas no se habrían formado, y el cosmos sería una fina niebla indistinguible. Si la fuerza mayor, la que une los núcleos atómicos, hubiese sido un poco más débil, todos los átomos se dispersarían en vapor.
Estas coincidencias cósmicas fueron necesarias para la creación de un universo capaz de sostener la vida. Pero la vida misma requería ajustes precisos igual de improbables al nivel atómico, produciendo cantidades inmensas de carbón. Al contrario de la mayoría de los elementos, el carbón necesita poca energía para formar moléculas altamente complicadas, requisito en la biología. Resulta que un capricho de la química carbónica una equivalencia de niveles de energía nuclear que permite a los núcleos de helio unirse en las estrellas hace posible este elemento tan vital.
Para el fallecido astrónomo, Fred Hoyle, que calculó en 1953 las condiciones necesarias para crear el carbón, las probabilidades de que estas condiciones ocurrieran al azar son tan fenomenalmente bajas que él se convirtió del ateísmo y empezó a creer que el universo refleja una inteligencia llena de propósito. Hoyle declaró, La probabilidad de que la vida se originara al azar es tan minúscula que hace que el concepto total sea absurdo. Dicho de otra manera, la evidencia de que existe un propósito, sacudió la fe que Hoyle tenía en el azar. Esto es el contrario de la posición normativa de la experiencia posmoderna, pero es una posición que comparten hoy en día muchos de los sucesores de Hoyle.
Este cúmulo de condiciones improbables las cuales hacen que no sólo la vida, sino que la vida inteligente sea prácticamente inevitable ha sido llamado el principio antrópico. Para el físico Charles Townes, un universo antrópico soluciona una tensión que ha fastidiado la física desde los mejores días de la teoría cuántica. Cuando la física cuántica destronó al determinismo, mucho científicos, incluso el mismo Einstein, querían que el universo fuera determinista, señala. No les gustaba la teoría cuántica porque les exigía una explicación espiritual sobre porqué las cosas resultaron ser como son. La religión y la ciencia van a ser mutuamente atraídas durante mucho tiempo mientras intentan encontrar una respuesta a las implicaciones filosóficas respecto a las razones por las que el universo nos resultó favorable.
¿Múltiples universos y dimensiones?
Pero claro está, no todos los científicos van a unirse al coro religioso. Los intentos de la ciencia pura y dura para explicar nuestro universo antrópico sin referirse a lo divino, han conducido a la emergente teoría multiverso, o de universos múltiples. Andrei Linde, un investigador en la Universidad de Stanford (EE.UU.) ha argumentado durante una década que el big bang no fue un hecho aislado. Miles de millones de universos saltan a la existencia constantemente. Pero esto ocurre en dimensiones que no vemos.
Linde parte de la idea de que si el big bang fue un evento surgido de la casualidad, producido por algún mecanismo natural, entonces se puede esperar que estos eventos ocurran repetidamente durante millones de años. Por lo tanto , resultan miles de millones de universos. Con cada big bang, propone Linde, las leyes físicas y las constantes se determinan de nuevo a través de fuerzas aleatorias. Inmensas cantidades de universos se producen con gravedad excesiva, y se aplastan hasta la aniquilación; grandes cantidades resultan con gravedad débil y sin estrellas; a grandes cantidades les falta el carbón. Pero de vez en cuando, surge un universo antrópico.
Varias versiones de la teoría multiverso son populares en el mundo académico, porque explican cómo el universo puede haber surgido venciendo las probabilidades en su contra sin una mano que dirigiera el proceso. Pero la idea del multiverso depende de suposiciones que serían risibles si nacieron de un texto religioso. Townes ha dicho que la especulación sobre miles de millones de universos invisibles me parece mucho más descabellada que cualquier idea de la iglesia. Catedráticos experimentados en Stanford hablan con naturalidad de universos enteros que son invisibles. Compare eso a la propuesta de un solo plano invisible: el espíritu.
Linde admite que no podemos ni observar ni verificar otros universos. De hecho, no podemos ni explicar cómo podrían posiblemente ocupar otras dimensiones. (Como concepto científico, las dimensiones extras son bastante ambiguas; ninguna que no sean las cuatro ya conocidas se ha observado nunca, y no es nada claro que un número más alto sea posible.)
Así que, la teoría multiverso requiere la suspensión de la incredulidad al igual que cualquier religión. ¡Únase a la iglesia que cree en la existencia de objetos invisibles con una anchura equivalente al de 50 mil millones de galaxias! En realidad, los dogmas que la ciencia apoya tienden a ser más flexibles que los de los teólogos. Si la evidencia empírica de Dios apareciera, los científicos terminarían aceptándola, aunque sin mucho entusiasmo. En cambio, si a los religiosos se les presentara evidencia que negara la existencia de Dios, éstos probablemente se negarían a escucharla. Sin embargo, mientras que la cosmología parece tener cada vez más un aspecto milagroso, las alternativas que han sido científicamente aprobadas requieren un pronunciamiento de fe.
Interesantes incógnitas
Otras numerosas áreas de la ciencia contemporánea parecen versiones del sobrenaturalismo vestido de gala. Los investigadores que estudian los movimientos de las galaxias espirales han descubierto que las estrellas y las nubes de gases dentro de ellas se portan como si estuvieran bajo una fuerza 20 veces más fuerte de la que se puede explicar a través de la gravedad de la materia observada. Esto ha resultado en la suposición ahora casi un consenso en el mundo científico de que una gran parte del cosmos está controlado por una sustancia imperceptible llamada provisionalmente materia oscura. La proporción de la materia oscura a la materia normal puede ser tan alta como de 6 a 1.
Otros experimentos sugieren que hasta dos tercios del contenido del universo puede estar rebosante de una energía oscura igual de misteriosa. En 1998, los astrónomos se sorprendieron al descubrir que, al contrario de las expectativas, la velocidad de la expansión cósmica no está disminuyendo al gastarse la fuerza del big bang. Al contrario, parece que está aumentando en velocidad. Algo muy poderoso está causando que las galaxias se expandan cada vez más rápidamente.
Y luego está lo del campo de Higgs. Para intentar explicar la fuente original de la masa, algunos teóricos proponen que el universo está lleno de un campo no descubierto que le proporciona una masa a algo que de otra forma serían partículas de una masa de cero. El proyecto del Superconducting Supercollider, cancelado en 1993, fue pensado para comprobar esta hipótesis.
Éstas y otras fuerzas misteriosas parecen funcionar basadas en la nada. Esa idea, ahora abiertamente aceptada entre los físicos y los cosmólogos, habría parecido ridícula hace sólo unas generaciones. Mientras tanto, la teología judeocristiano ha enseñado durante miles de años que Dios hizo el universo entero ex nihilo de la nada. Quizás estas fuerzas funcionan de una forma totalmente natural que simplemente no se ha determinado. Desde luego, es mucho más probable que encontremos evidencia observable para las teorías físicas que para las teorías teológicas. Pero por ahora, muchos creyentes han descubierto que la física se está acercando a ellos, mientras que los mismos físicos siguen contemplando los efectos trascendentes que no pueden explicar.
La Biología también
Los físicos y los teólogos celebran congresos muy íntimos en los que toman jerez juntos, pero los biólogos quieren tener poco contacto con lo espiritual, y muchos creyentes son igual de reticentes respeto a los biólogos. Después de más de 75 años desde que John Scopes fue sometido a juicio por enseñar la evolución, la teoría de Darwin sigue siendo un tema explosivo. En septiembre de este año los creacionistas presionaban al Congreso de los Estados Unidos a que aprobaran legislación que apoya el derecho de enseñar alternativas a la evolución en las escuelas públicas.
La batalla entre la fe y la biología evolucionista se puede evitar. Como dice Collins, el investigador del genoma, Yo no conozco ningún conflicto irreconciliable entre el conocimiento científico sobre la evolución, y la idea de un Dios creador. ¿Por qué no pudo Dios utilizar los mecanismos evolucionistas para crear? Las grandes denominaciones protestantes y la mayoría de las ramas del judaísmo aceptan el darwinismo, y en 1996, el Papa Juan Pablo II dijo que la obra de Darwin es más que tan sólo una hipótesis.
Hasta el fundamentalismo cristiano no era siempre anti-darwinista. Cuando el movimiento americano empezó a principios del siglo XX, el llamamiento se originó en una serie de folletos muy populares que se llamaban Los Fundamentos, que eran para la primera década del siglo XX, lo que es hoy en día la serie de novelas evangélicas sobre la segunda venida de Cristo. Según Los Fundamentos, la evolución ilustraba la belleza sutil del poder creativo de Dios.
Las cosas empezaron a cambiar una década más tarde, sin embargo, cuando William Jennings Bryan empezó a predicar en contra del darwinismo. Le había influido un libro de 1923, The New Geology (La nueva geología), el cual declaraba que la edad aparentemente avanzada de la Tierra fue una cosa creada por Dios para probar la fe de la gente. Además, Bryan acababa de pasar un año en Alemania, y le había horrorizado el movimiento incipiente de los nazis, quienes utilizaban el darwinismo social que ahora ha sido rechazado, pero que entonces era la moda tanto de la izquierda como de la derecha el cual declaraba que era natural que los fuertes mataran a los débiles. Su cruzada en contra de la teoría evolucionista resultó en el juicio Scopes en 1925, el cual metió permanentemente en la cultura americana la idea de que el darwinismo y la religión eran fuerzas en oposición.
El biólogo molecular, Michael Behe, entre otros, está forjando una síntesis a través de una nueva teoría conocida como el Diseño Inteligente. Aunque muchas veces se le describe despectivamente como creacionismo light, el diseño inteligente admite que la evolución opera bajo las condiciones actuales, pero enfatiza que Darwin no dijo nada sobre la forma en que estas condiciones se produjeron. Los científicos no tienen la más remota idea de cómo empezó la vida. No existe ninguna teoría generalmente aceptada, y los probables pasos entre un mundo primordial estéril y la fragilidad química de la vida siguen siendo inescrutables.
El difunto biólogo Gerald Soffen, que se encargaba de los experimentos en busca de la vida en Marte, llevados a cabo por las sondas espaciales de la NASA, explicó una vez los primeros pasos en la evolución de los procesos de vida: el desarrollo de compuestos orgánicos, la réplica automática de esos compuestos, la aparición de células que aislaran los compuestos de su medio ambiente, la fotosíntesis que hiciera posible el uso de la energía solar, y el montaje del ADN. Es difícil imaginar cómo estas cosas podrían haber ocurrido, me comentó Soffen antes de su muerte en el 2000. Una vez que llegas al organismo unicelular con genes, la evolución se encarga. Pero los pasos anteriores, son un misterio.
El Diseño Inteligente aprovecha esta percepción para proponer que en primer lugar, sólo un diseñador podría crear la vida. La teoría es espiritual, pero no está limitada por las Escrituras, como el creacionismo. Un diseñador es una posibilidad sin denominaciones, ecuménica; no es una fórmula dogmática.
¿Fue un diseñador el que puso en movimiento los procesos de vida de la Tierra? Existen pocas preguntas tan interesantes o intelectualmente fértiles. Pero gracias al rencor del debate sobre la evolución, la pregunta sobre el origen de la vida normalmente se pierde entre los gritos de los darwinistas ortodoxos y los creacionistas inflexibles.
Puede que la era de la biotecnología cambie todo esto. Los biólogos y los fundamentalistas seguirán tirándose piedras, pero no se pueden evitar las preguntas inmediatas sobre la ingeniería biológica, las investigaciones de células madre, los animales transgénicos, etcétera. ¿Los seres humanos tenemos el derecho de alterar el ADN humano? Es sabio volver a diseñar la bioesfera?
La necesidad de buscar nuestro camino colectivo de entre semejantes preguntas va a obligar a los teólogos, a los líderes de iglesias, a los biólogos, y a los filósofos a hablarnos. Quizás este debate se va a estancar en cuestiones de doctrina, como por ejemplo, sobre la cuestión de que si la vida empieza cuando el esperma se encuentra con el óvulo. Pero por lo menos hay también una igual posibilidad de que la fuerza de las preguntas biotécnicas obligarán a la ciencia y a la religión a buscar los puntos razonables de cada campo. Al contrario de la cosmología, que propone preguntas fascinantes que no afectan la vida cotidiana, la biotecnología afectará a todos de una forma inmediata. Es necesaria una reconciliación entre la ciencia y la religión respecto a este tema para que se puedan escribir normas para las investigaciones, para establecer una ética para los médicos, y por último, para establecer las leyes.
Conclusión
Ah, y ¿qué opinaba Einstein respecto a esta cuestión? Dijo, La ciencia sin la religión está coja, la religión sin la ciencia está ciega. Einstein no estaba seguro de que si hubo o no hubo Dios; sentía que es demasiado temprano en la búsqueda humana del conocimiento como para hacer más que especular sobre las cuestiones transcendentes. La ciencia, que una vez consideró cerrado el asunto de la existencia de una fuerza superior, está otra vez abierta al punto de vista de Einstein.
Por Gregg Easterbrook Artículo originalmente aparecido en la revista Wired y en Beliefnet.com.
Traducido por Darío Fox
© Mente Abierta, 2003.
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